Biodiversidad, solsticio de invierno y la raza humana.

Solsticio de invierno

Hoy, 21 de diciembre, es día del solsticio de invierno que simboliza tantas diversas celebraciones vinculadas a este día y que supone el inicio de una estación, la invernal que invita al recogimiento y nos abre las puertas a la Navidad.

Un día tan singular, aún más en este año 2020, y que está plagado de múltiples significados y significantes, me parece un momento idóneo para hacer unas reflexiones más filosóficas a las habituales. Aunque es sin duda mi trato diario con la vida en el pueblo lo que las ha despertado y me ha hecho valorar la enorme importancia de la biodiversidad humana en sus múltiples formas de ser, vivir y pensar.

biodiversidad

  LA REDUCCIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

Durante cientos de años hemos reducido la diversidad vegetal y animal en un porcentaje que tiene asustada a la comunidad internacional. Que preocupe o no a la sociedad de a pie ya es otra cosa porque, salvo que esté en nuestro campo de interés, vivimos totalmente ajenos a esta problemática perdidos en las preocupaciones particulares de nuestro día a día. 

Pero a lo que vamos. Se dice, entre otras muchas referencias, que

  • “En 1990 ya se había perdido aproximadamente el 70% de los bosques, tierras boscosas y maleza del Mediterráneo, el 50% de las praderas, sabanas y tierras de matorrales en zonas tropicales y subtropicales y el 30% de los ecosistemas de los desiertos.
  • Las poblaciones de 3.000 especies salvajes han mostrado una tendencia constante al declive, que ha alcanzado 40% entre 1970 y 2000. La disminución alcanzó el 50% para las especies provenientes de las aguas continentales, y un 30% para las especies marinas y terrestres
  • Entre 1970 y 2000, la población de especies salvajes ha experimentado un descenso anual medio del 1.7%.
  • “En el siglo pasado, se calcula que la actividad humana ha aumentado la tasa de extinción de las especies a un ritmo mil veces mayor al natural. Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, entre el 12% y el 52% de las especies tratadas de forma exhaustiva, como las aves o los mamíferos, se encuentran amenazadas de extinción.
  • Pincha aquí para información más detallada.

Estos datos evidencian una inmensa pérdida de biodiversidad no sólo de especies sino también genética y de ecosistemas, lo que afecta gravemente a su propia pervivencia al reducir su capacidad de respuesta a los problemas del entorno.

A más de ello, hay quien afirma que esa pérdida de diversidad es parte del problema de la existencia de nuestro querido COVID-19, porque ha llevado a que eliminemos especies intermedias en la cadena trófica evitando pues que aquellas se «coman» el virus antes de que llegue a la raza humana.

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Y en este debatir, yo no tengo dudas de que hemos reducido la diversidad humana del mismo modo que lo hemos hecho con la biodiversidad vegetal y animal.

Estamos reduciendo nuestras formas de vida, de ser y de pensamiento a varios modelos estándar únicos que provocan una inmensa pérdida de aporte humano. 

Puede que aún no lo hayas visto, o incluso que te estés preguntado el por qué. 

Y es más fácil de lo que te imaginas, y en demasiadas ocasiones nosotros mismos somos parte activa y responsable de esa drástica reducción de la biodiversidad humana. 

Solemos tender a generalizar las visiones y las posiciones. Cómo si todas las personas tuvieran que ver las cosas del mismo color. Y a tal fin, tendemos a reafirmarnos en ellas rodeándonos de personas y grupos que tienen esa misma, o similar, forma de pensamiento. Relacionarnos con los opuestos o contrarios nos cuesta, y por ende limita el debate enriquecedor que generaría nuevas variables. 

O siguiendo modelos e influencers que idealizamos como patrón ideal a seguir y, en la medida de lo posible, repetir. Y creamos la figura del prescriptor, que nos orienta hacia dónde avanzar en vez de conectar contigo mismo para saber qué es lo que a tí más te conviene. 

Cada vez más asistimos a opiniones que se presentan casi como verdades innegables o posiciones irrefutables y se utilizan como vara de medir entre lo correcto y lo incorrecto, lo que se exacerba aún más en la matriz de las redes sociales.

Incluso expulsamos de nuestros grupos de whatsapp, instagram o facebook a quién es diferente o nos hace cuestionar nuestras posiciones. 

Algo que resulta harto confuso cuando, observando simplemente nuestra propia unidad familiar, somos capaces de apreciar que en ella hay todo un crisol de sentires y vivencias. De opiniones y creencias. Imaginémonos pues en la dimensión cuantitativa de una sociedad.

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El hecho es que somos un inmenso muestrario de culturas y cada uno de los seres humanos encierra en sí un enorme potencial de diversidad.

Aceptar esta realidad nos permitiría poner el foco no en (querer) tener razón sino en entender las motivaciones del otro y buscar espacios de respeto.

No hay una única verdad, hay tantas como variedades de sentires y prioridades existen en los seres humanos. Del mismo modo que ocurre con la inmensa gama de subespecies dentro del reino vegetal, entre las cuales, se asevera, que la mayoría de ellas está aún por descubrir y clasificar ( https://www.jardineriaon.com/cuantas-especies-de-plantas-hay-en-el-mundo.html)

Esto es algo que se me ha hecho mucho más patente desde que mi vida se asentó en la inmensidad policromática de la ruralidad, qué tan imbricada está con la diversidad de la naturaleza. Y que activa una riqueza de pensamiento bien diferente y variada a la de las vivencias producidas en el mundo urbano y desarrollado.

Y me hace darme cuenta de cuán importante es que las personas, y la sociedad, recuperemos el contacto directo, aun puntual, con la Tierra para tomar consciencia de nuestra dimensión universal. Puedes leer más sobre esto aquí.

descubrimientos

LA PROTECCIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

En los últimos tiempos, con más énfasis a partir del Siglo XXI, las políticas, nacionales e internacionales se han dado cuenta del gran perjuicio que ha supuesto esa ingente reducción de biodiversidad vegetal y animal y están adoptando leyes y medidas para proteger esas especies raras y casi extinguidas porque, aunque tarde, se han dado cuenta del inmenso valor y las bondades que aporta su singularidad.

Y debiéramos hacer igual con las personas. Proteger a los que son diferentes y potenciar la diversidad.  

Si todas pensamos igual y nos enfocamos a las mismas respuestas y comportamientos, difícilmente vamos a poder impulsar el avance de la humanidad hacia nuevos lugares desconocidos.

¿No son acaso las personas que han visto las cosas de «otro» modo las que han contribuido a replantear las formas, ideas, pensamientos y estructuras preexistentes y con ello han hecho avanzar la sociedad?

¿No se valora a las personas disruptivas precisamente por eso, por cómo sus ideas rompen con todo lo establecido?

¿No serían tenidos por locos esas personas en su momento? Ejemplos tenemos en la historia en demasía como para no verlo.  

¿No estamos aprendiendo que personas diferentes, o afectadas, por lo que hemos venido en llamar discapacidad o minusvalías, muestran actitudes y comportamientos innovadores, una visión diferente de las cosas, actitudes empáticas potentes, o una gran capacidad de resiliencia?

¿No nos damos cuenta de que los modelos estandarizados de educación están condicionando esa diversidad potencial del ser humano y afectando a la libertad de ser de las personas infantes y adolescentes? ¿y con ello al desarrollo diverso de nuestra sociedad?

¿Seríamos quienes hoy somos sí, en el camino de la historia de la civilización,  alguien no se hubiera enfrentado a situaciones tales como la esclavitud, los derechos humanos, de la infancia o de la Tierra o la posición servil de la mujer?

No puedo ni imaginar que opinarían los congéneres de aquel que, en el Neolítico, pudo crear su propio fuego con dos piedras. La idea de que fuera un mago, brujo, loco o similar estaría en sus mentes.

Como con las plantas, es seguro que aún hay infinidad de potencial humano por descubrir y desarrollar, y enfocarnos en las mismas vivencias, posiciones y sentires constriñe esa posibilidad enormemente.

Sabemos que el cambio, lo nuevo, gusta a unos tanto como irrita y encolera a otros. Pero sin crítica, sin cuestionamiento, sin análisis de la diversidad y un profundo trabajo de observación y entendimiento, no hubiéramos llegado a ser quienes hoy somos como sociedad.

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Cada persona tiene su ritmo, su son, su alma, su latido propio.

Como cada planta y cada animal.

Quién cuida un huerto o tiene varias mascotas puede apreciarlo con sencillez en su totalidad. No hay dos perros iguales ni siendo de la misma camada y raza. Ni dos rosas iguales naciendo de la misma mata. Por eso los gemelos son toda una odisea genética.

Pero para evolucionar como especie humana es evidente que la clave ha pasado siempre por la colaboración y ello exige un respeto previo a las ideas y formas de ser, sentir y vivir del otro. A respetar y cultivar la «multiplicidad entre las distintas especies humanas y dentro de cada una de ellas, así como de las culturas, tradiciones, y estructuras de pensamiento de los que forman parte».

Vincularnos entre nosotros, entrelazarnos, aprender a sentir esa diversidad y respetarla es un inmenso trabajo para el que no tengo claro que estemos aún preparados, tan enfocados en nuestras posiciones vitales particulares. 

Y hoy ya es sabido. No somos mejores o peores por como pensamos, vivimos o sentimos. Sino por las intenciones que mueven nuestros actos: El amor o el miedo. El respeto o la imposición. El deber o la libertad. O la conjugación de todo un arcoíris de intenciones puestas al servicio del bien común.

Reconócete como único. Y sé diferente, pero con la intención amorosa de ser tú respetando al otro, con toda la dificultad que ello encierra.

Llegar ahí será el momento de mayor crecimiento de la humanidad. Y quizás del propio planeta Tierra.

Quiero pensar que en ello estamos.  

Te animo a que lo reflexiones.

A qué te lo dejes sentir dentro de ti en estas fechas navideñas tan especiales y plagadas de reencuentros y removidas emocionales.

Hay una gran biodiversidad humana. Aprender a verla, reconocerla, valorarla y cuidarla contribuirá sin duda a respetar a su vez la inmensa biodiversidad vegetal y animal de la Tierra. O a la inversa, según tu sentir. 

Y en un año marcado por el conflicto, la incertidumbre y la polarización, dónde se nos presentan unas navidades enrarecidas y contrapuestas por el COVID-19, te invito a que, antes de juzgar, criticar o cuestionar otras posturas te atrevas a entrar en el insondable mundo del alma ajena.

Quizás podrás, no necesariamente entender, pero sí, aceptar que cada uno de los seres vivos de este planeta (también los humanos) somos únicos, cada uno aportamos un valor concreto y singular a la Tierra y a la humanidad, y que la integración de la visión del otro pueda contribuir a una mayor vincularidad entre las personas, y a mejorar esta raza nuestra, y de paso la sociedad y la vida en el Planeta.

F e l i z N a v i d a d

Y que este año tu mayor regalo sea aumentar la biodiversidad humana del planeta siendo tú mismo, desde tu singularidad y autenticidad, y reconociendo ese mismo espacio y potencialidad a los demás seres vivos del Planeta.

Solsticio de invierno

LA DIGITALIZACION DEL CAMPO Y LA DESPOBLACIÓN RURAL

semana agrotech málaga 2020

Está en el debate general una cuestión que ya era absolutamente inaplazable: la despoblación del mundo rural, por muchos también llamada “La España Vaciada”. Ante esa evidencia innegable, en enero del 2017 se creó el Comisionado del Gobierno frente al reto demográfico. Y tres años después el debate se ha intensificado y la digitalización del campo se presenta como un freno frente al despoblamiento de los Pueblos.

Despoblación rural

Esta recesión demográfica no es algo que haya surgido de la noche a la mañana sino que ha sido un goteo intenso en España desde los años 60/70 y aunque tiene múltiples causas, como la propia evolución demográfica, aquí quiero destacar dos:

Una, el modelo territorial español, muy influenciado por el sector inmobiliario, que ha centrado sus pilares en la concentración de población en el centro de la península y en el eje mediterráneo, en detrimento de otras realidades.

Y dos, una polarización entre lo urbano y lo rural, que ha generado una gran despreocupación sobre la importancia de los Pueblos y el campo para la pervivencia de la sociedad y de las ciudades que tan rápidamente siguen creciendo.

Tanto una como otra pivotan a su vez sobre el gran cambio histórico que supuso para las formas de vida de la sociedad la revolución industrial y la revolución agrícola. 

La concatenación de revoluciones del siglo XVII y XVIII motivaron un cambio de mentalidad en la sociedad que pasó de ser eminentemente autárquica o con economías de subsistencia a centrarse en la economía de mercado, en la rentabilidad y el capital como motor de toda la evolución que hemos vivido en estos últimos casi trescientos años. Pero, sin duda alguna, esto trajo un efecto directo en los estilos de vida entre los que aquí cabe destacar el desplazamiento masivo de la población del mundo rural al mundo urbano. 

A principios del Siglo XIX apenas dos ciudades superaban el millón de habitantes (Pekin y Nueva York) (Consujltar: http://news.bbc.co.uk/2/shared/spl/hi/world/06/urbanisation/html/urbanisation.stm) y el 90% de la población europea residía en el ámbito rural. Hoy, las grandes ciudades son la regla y concentran en torno al 90 % de la población. La población en los campos es una tendencia a la baja, y no sólo en España sino en Europa en general.

La despoblación está así muy vinculada a unas formas de vida y a una tendencia social basada en la idea de que el futuro y el desarrollo de la humanidad está en las ciudades. Es, desde esa posición, que no se han valorado las consecuencias de ir vaciando de servicios y personas a los Pueblos, y de ir abandonando los campos, porque no se les daba ninguna importancia ni se era capaz de ver la función estructural que tenían como sostén de la forma de vida urbana.

Ahora, estamos en un momento estructuralmente delicado para la sociedad. No sólo por el singular Covid-19 sino porque, como hace casi 300 años, volvemos a estar en un momento de profundo cambio y transformación. 

El desarrollo tecnológico ha supuesto una auténtica revolución social que lo está impregnando todo: las formas de relacionarnos, las formas de trabajar, de procesar y analizar el conocimiento (big data), de construir, de operar quirúrgicamente, las formas de viajar, de concebir el modelo familiar, la estructura social, y hasta la forma de trabajar el campo.

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Lo veamos o no, estamos inmersos en un proceso de absoluta revolución tecnológica, de digitalización social. 

Y es ésta la que se quiere utilizar como elemento vertebrador para frenar la polarización campo / ciudad y ayudar a vincular población a los Pueblos. 

Pero ¿cómo? Pues, según la estrategia de digitalización para el sector agroalimentario y forestal y del medio rural, elaborada en su día por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, reduciendo la brecha digital, potenciando la conectividad del territorio, fomentando el uso de datos (big data aplicada a lo sectorial), creando nuevos modelos de negocio centrados en la agricultura inteligente y la industria 4.0, …. y todo ello en coordinación con la Política Agraria Común (PAC) post 2020 de modernización del sector agroalimentario y con medidas que se deberán abordar de forma transversal. 

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En este punto hay que plantearse: ¿qué opina de todo esto la sociedad? ¿y las personas que viven en el campo y en los Pueblos? ¿realmente hay quién va a querer venirse a vivir al campo a pesar de todo ese paquete de medidas? ¿y las personas que habitan el mundo rural van a querer aplicar esas nuevas metodologías de trabajo?, ¿y va a ser impulsado por las grandes empresas o va a haber un papel activo por parte de las pequeñas y medianas producciones agroalimentarias que sostienen el 75 % de la producción agroalimentaria?

Estas son las grandes dudas que aún hay sobre el tapete y las que, de verdad, incidirán en que la revolución tecnológica sirva, o no, de freno a la despoblación del medio rural. Por que, del mismo modo que las revoluciones industrial, agrícola, eléctrica y de medios de transporte del siglo XVIII y XIX supusieron un profundo cambio de mentalidad que nos ha hecho evolucionar hasta los tiempos actuales, (con todo lo bueno y menos bueno que esto nos ha supuesto), será preciso un nuevo cambio de visión para que esa revolución tecnológica pueda asentarse en el campo y atraer realmente población fija y estable al territorio rural.

En ese iter, permitirme terminar estas ideas diciendo que, si algo bueno ha traído el Covid ha sido conseguir que la gente de ciudad (tanto los que diseñan las políticas y aprueban las leyes como los que la habitan entre sus calles de hormigón casi desprovistas de naturaleza) vuelva su mirada hacia lo rural. Eso no quiere decir que aprecien todo lo que el campo aporta a la vida de las personas y al sostenimiento de las ciudades, pero sí, al menos, hemos cambiado el lugar dónde poner el foco. Y esto sin duda será clave en el éxito de esas políticas que sustentan toda una repoblación rural en lo tecnológico.

Sobre esto y algo más estaré hablando el próximo viernes 6 de noviembre de este peculiar 2020 a las 10:00 en las jornadas gratuitas y on line que ha organizado la Diputación Provincial de Málaga como “Semana Agrotech Málaga 2020”. Os espero. Aquí abajo os dejo el link del programa y para inscribiros. Será interesante debatir sobre estas cuestiones que nos afectan a todas las personas de esta sociedad, vivas en un Pueblo o en una gran ciudad.

semana agrotech málaga 2020

“ La digitalización del campo es ya una realidad por este motivo la Diputación de Málaga ha organizado del 3 al 10 de noviembre la SEMANA AGRODIGITAL MÁLAGA 2020, unas jornadas on line en las que ponentes de primer nivel hablarán de temas tan innovadores como las nuevas tecnologías aplicadas al campo, las soluciones inteligentes para el uso eficiente del agua o la transformación digital del campo

Inscríbete en este enlace

https://l.facebook.com/l.php?u=https%3A%2F%2Fagrodigitalmalaga.typeform.com%2Fto%2FG9HMl9fF%3Ffbclid%3DIwAR2_8h_pOOcu6PJ_t7el0u7I42iwS83xS7AjIihmf6fzjeUdGvM4qxGdMdg&h=AT37bFbvxtyAEzFP95_Ru3vpmz-2gtzMyvTcV7w6OY6-JqWn-ipndDjfxtxkVEHpjewKh8ylrHoQvJ-gqurGuLGqv5CBL3LHp3xpJBf0dICVm1Lg6rOSg937JgVu84mO0ELp&tn=-UK-R&c[0]=AT2ULxYyLjhKEBqATB2hW1sKN1h7DUguWY6Z6gLaAlB_wvYwksCf3a_65ywqXJ2QqPu8iIR-BJeuWx8dr6fD45qRrWkTSrPn8lfZIc70ePr76LbnSz-DJOswkrID5fI1tPyila4RRzvhhtBYoAL349wXYg

Descarga aquí el programa

https://drive.google.com/…/17h5Y8gPrClVE…/view…

Las jornadas finalizarán con una mesa redonda presencial el 10 de noviembre donde se extraerán las conclusiones de cierre

#agrodigitalmlg

#Nathium

#Conectadosconlatierra

#Cutar

#Tuencierroesunaoportunidad

Respeta los ciclos de la tierra tanto como debes respetar tu momento vital.

respeta los ciclos de la vida

La fertilidad fluye cuando se acompasa con los ciclos de la tierra. No puedes pretender que un almendro de frutos en invierno o que un oso hiberne en verano. Del mismo modo, respetar tu ritmo, ayudará a que todo fluya mejor. Y no sólo eso, te ayudará a identificar las auto exigencias, a frenar los sentimientos de culpa y la necesidad de dar una imagen concreta que no sea coherente contigo.

rip

Este ha sido un verano extraño. Y sé que no solo para mí, sino para el conjunto de la sociedad. 

Este Covid-19 tiene la gran mayoría de los sistemas en alerta, y genera innumerables efectos en la vida de las personas. Mi sensibilidad ya de por sí alta está a flor de piel, y no solo por ello, sino además, y fundamentalmente, porque este verano, han fallecido dos personas muy allegadas, dos personas con las que he tenido un trato muy intenso y que han influido mucho en quién soy hoy. Y no por el coronavirus. Mariano, hermano mayor y el primogénito de la familia, y Juanjo, amigo desde pronta edad, pilar y apoyo en tantos momentos vitales, consejero, maestro de la vida y el mejor oyente y amigo que se ha cruzado en mi camino. Ambos, referentes esenciales en mi vida.

En esa situación el blog ha sufrido un parón inevitable. 

Lo intente continuar tras la muerte de mi hermano, pero paró abruptamente ante ese segundo fallecimiento incapaz de no mirar hacia dentro de mí y lo que me estaba pasando. No podía seguir adelante como si no hubiera pasado nada. 

Y ese parón me ha activado momentos de crisis y culpa. ¡Tengo que publicar en el blog! ¡Qué vergüenza, si lo acabo de sacar, como no voy a escribir nada ahora en él! 

He tenido ramalazos de autocrítica y autoexigencias. Me he planteado mi falta de compromiso para conmigo misma, el blog y todo ese colectivo de personas que, sin apenas publicidad, se han suscrito a seguir el blog. Pero no he podido.

No es tanto que no me saliera inspiración para escribir, algo que hago casi a diario como una necesidad del alma, aunque no todo sea publicable aquí. Es que no daba pie con bola en veinte mil detalles: me faltaba claridad sobre lo que quería publicar o agudeza al expresarlo, no daba con el formato, con el proceso de elegir e insertar las imágenes, me desenfocaba con temas ajenos a la temática de mi blog …. y además, el diseñador web que me está ayudando con la web ha sido padre (la vida y la muerte en su danza infinita) y está en una vorágine propia de ese momento vital.

Pues eso. Esta es la explicación de este silencio ignominioso en el blog. Y del parón que se ha producido en tantos otros aspectos de mi vida.

Y sin embargo, al permitirme vivir ese proceso la lección más importante que he aprendido en este tránsito es respetar mi momento vital

Sentirme, escucharme internamente e ir a mi ritmo frenando ese murmullo de conveniencias sociales y exigencias autoimpuestas. No es fácil en una sociedad que superó la quinta marcha de velocidad hace años y que no puede bajar de ahí. ¡Y que muchas veces ni siquiera ve lo bien que le vendría hacerlo! Y aun incluso muchas personas, sintiéndolo dentro de sí, miran para otro lado porque no se quieren reconocer ahí, no se atreven o no saben cómo hacerlo o cómo enfrentarse a un entorno social que lo que más transmite es el valor de la acción y la producción intensiva y desaforada.

Soy consciente de que en la vida en la ciudad no sólo no respetaba mis ciclos ni mis tiempos, es que ni los conocía por estar desconectada de ellos. Me recuerdo en mi etapa como letrada y gerente del despacho, casi corriendo por el pasillo, con esos tacones que ahora descansan de tantas carreras en el armario, resolviendo veinte mil cosas a la vez, enfrentando decisiones de recursos humanos, de política presupuestaria, de necesidad de un cliente, o de estrategia jurídica en el planteamiento de una defensa, … desconectada de mi ritmo vital real, e imbuida de una acción continua en la que no me permitía apenas pausa. Y así llegue al punto de estrés y ansiedad que me diagnosticaron como crónico, por exigirme resultados a un ritmo muy superior al que podía producir. Y sobre todo, por querer mantener el nivel de exigencia máximo tooooooodo el tiempo.

EL ritmo de producción que nos hemos impuesto como sociedad es absolutamente contra natura. No hay una intensidad tal que sea buena. Ni fruto o recompensa que merezca generar ese grave estrés en el cuerpo de la persona. Ni producción que justifique que una persona no pueda integrar su proceso del duelo, cuando le toca bien de cerca.

Y eso es algo que constato cada vez que observo la naturaleza, que es donde más me dejo inspirar una vez que salí del frenético ritmo que impera en la forma de vida de la ciudad. 

La tierra, como las personas, tiene su propio ritmo. Hay momentos para florecer y dar frutos, otros para crecer,  y tiempo hasta de morir para volver a brotar otra vez. Y también, como yo acabo de experimentar, hay momentos para hibernar.

respeta los ciclos de la vida (2)

Respetar mis propios ritmos y ciclos es el mayor compromiso que puedo exigirme y que puedo mostraros. 

Dejar atrás las exigencias derivadas de una producción desconectada de uno mismo y avanzar al son del fluir de la vida y en sintonía con tus propios ciclos vitales. Y eso he hecho.

La muerte de dos personas tan importantes en mi vida, y tan seguidas en el tiempo, genera una indudable zozobra que hay que dejar salir. No por ignorarla o taparla, sustituyéndola con mil tareas o compromisos, va a dejar de estar ahí. Ese vapuleo emocional es como la removida de la tierra antes de abonarla. Es lo que te va a permitir recoger los nutrientes, aprendizajes y sabiduría que hay en todo duelo. Y sobre todo, es comprobar en mis propias carnes como el cambio de la ciudad al Pueblo no ha sido solo un cambio de escenario, sino un cambio profundo, interiorizado, en el que ya no primo como antaño la producción en sí misma, ni el quedar bien o satisfacer al otro antes que el cuidado a una misma, sino que realmente me he dejado imbuir por la importancia que tiene el respeto a cada ciclo y experiencia vital.

Aquí sigo. Y seguiré, porque este blog es fruto de reflexiones y sentires profundos. Este blog es mucho más que un negocio, o una vía solo para ganar dinero, o de hacer webinars automatizados para atraer público. Este blog es una ayuda para poner en valor el mundo rural y mostrar visiones alternativas al estilo dominante de vida que se enmarca en la ciudad, para equilibrar visiones y realidades.

Así que, aquí sigo aún a pesar de ese parón que ha requerido mi ciclo vital.

Me encantará leerte, y saber si has vivido algo así y como lo has enfrentado. Ya sabes cómo hacerlo, estas herramientas son muy conocidas por la generalidad. Escribe un comentario si te sale compartirlo o mándame un mensaje privado si prefieres más intimidad. O simplemente dejalo sentir dentro de tí; esa será la interacción más poderosa que puedas regalarte. 

Y recuerda que todo tiene su momento, solo tienes que sincronizarte con tu ciclo vital para sentirlo y vivirlo. Conecta con él.